lunes, 5 de abril de 2010

Entrevista con Jean Baudrillard

La rebelión de los espejos (fragmento)
Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio
realizaron la siguiente entrevista para el n. 15 de la revista Común Presencia


El reconocido sociólogo y filósofo francés (1929) dialoga con Común Presencia sobre el gran juego de la seducción, los signos de la pornografía, la mujer-fatal, el poder, la alteridad y el fin de la historia, con una agresiva y poética lucidez alcanzada a fuerza de reflexionar sobre este planeta habitado por fantasmas.


JB: Si observamos lo que está pasando aquí a nuestro alrededor no es posible discutirlo... La mujer es apariencia y esa condición derrota la hondura de lo masculino. En el combate de las apariencias el hombre nunca sale bien librado. Y esto es evidente, la mujer no ha sido la dueña del deseo, ha ido más lejos convirtiéndose en el objeto del deseo. El mundo ha sido feminizado, sexualizado bajo la forma femenina. Todos los objetos que se promocionan en la sociedad de consumo hacen alusión a ella, que es invencible en su estrategia superficial, y eso ha sido definitivo durante varios siglos. La bruja, al contrario de lo que nos ha dicho Walt Disney, ha sido bella y eficaz.

CP: Si seducir es morir como realidad para producirse como ilusión, según su postulado, ¿podríamos decir que su pensamiento es neo-romántico?

JB: Los románticos apostaban por cosas tan inexistentes como necesarias, se habrían escandalizado de lo que hizo Freud con los sueños al convertirlos en un síntoma. La seducción por su parte es arribar al país encantado, transitar por el territorio de la magia. La mujer seductora se inventa, es un espejo donde se refleja el deseo del otro, hace aparecer el rostro y el cuerpo soñado por la histeria masculina....

CP: ¿Cuál es el principal vínculo entre seducción y psicoanálisis?

JB: Fue casi nulo, pero en nuestros días en Francia, quizá por todos mis trabajos al respecto, la seducción ha sido retomada por el psicoanálisis, pero ésta también se le opone y lo desestabiliza, lo ironiza...

CP: En uno de sus libros afirma que la seducción no es misteriosa sino enigmática, ¿podría explicarnos la diferencia?

JB: Parece un juego de palabras pero no es así. El enigma como la seducción es comprensible, siempre oculta algo que al descifrarse corre a su fin. En cambio el misterio como el amor es incomprensible, aunque invente un vasto discurso y encuentre su lugar en el lenguaje nunca lo develaremos. El amor es un monólogo compartido.

CP: En la lúdica de la seducción existen pensamientos que se complementan en su dialéctica. Usted cita por ejemplo que: el hombre da amor por sexo y la mujer sexo por amor...

JB: Lo digo de otra manera pero es una síntesis adecuada. El amor es un sentimiento individual, es posible (aunque doloroso) amar sin respuesta. Volviendo a la seducción pienso que es dual, que como todo juego necesita del adversario, y ha sido considerada en algunos siglos como un hecho diabólico o una ilusión.

JB: No podemos seducir si ya no estamos seducidos. Una vez escribí que una mujer puede olvidar que no la amemos, pero nunca perdonará no haber podido seducir, y si eso ocurre su respuesta será devastadora. Ellas son versadas en las tramas, en las superficies, en el vacío, en el reflejo...

CP: En uno de sus libros propone que el goce supremo es el de la metamorfosis...

JB: La más alta fantasía del amor no es la posesión sino la transfiguración sexual. El hombre pretende descifrar el enigma y sueña el tránsito paradigmático realizado por Tiresias para ver las dos orillas del sexo y los dos extremos del tiempo: femenino y masculino, pasado y futuro, que sería la tan perseguida videncia. Pretende poseer a todas las mujeres para convertirse en ellas por adivinación. Mientras tanto ellas están alucinadas, hechizadas por su propio sexo, afirmándose con todo su narcisismo, demostrando lo superior de la estabilidad.

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